1.1.- Instituciones de la Democracia ateniense: Asamblea, Consejo, arcontes, prítanos, sistema judicial:
Tras la desaparición de la antigua monarquía ateniense (principios del s.VII a.C.) y la sucesiva actuación legislativa de Dracón (s.VII a.C.) y de Solón (s.VI a.C.), se produjo un cierto equilibrio social, que fomentó el comercio y la industria, aumentando la capacidad económica de la clase media ateniense.
Por otra parte, gracias al apoyo de los grupos populares, sobre todo de la clase media, Pisístrato instauró la tiranía en Atenas y favoreció al campesinado realizando una reforma agraria. Llevó a cabo, también, numerosas obras públicas, que dieron trabajo e ingresos a muchos ciudadanos, mejoró la ley y el valor de la moneda.
A su muerte, le sucedieron sus hijos, Hiparco e Hipias, quien, a la muerte del primero, endureció el régimen tiránico. Pero éste fue expulsado por Clístenes con el apoyo de la mayor parte del pueblo ateniense y del ejército espartano.
Derribada la tiranía, Clístenes (510 a.C.) elaboró un planteamiento social inspirado en la isonomía (igualdad legal). Estableció una nueva constitución, que sustituyó a la de Solón e hizo ingeniosas y complejas reformas, como el reparto del Ática en cien δῆμοι (demos), que formaban diez tribus o φύλαι y cada una de éstas en tres τριττύες (tritías): costa, montaña y llanura central. Además, hizo reformas en los diversos órganos de gobierno.
La comprensión, pues, de los mecanismos de las instituciones que rigen la democracia ateniense en los siglos V y IV se verá facilitada si se tiene en cuenta que prácticamente todos los órganos de gobierno, junto con las actividades jurídicas y militares, están abiertos a todos los ciudadanos atenienses.
Los órganos de gobierno eran la Ἐκκλησία (Asamblea), la Βουλή (Consejo) y el Ἄρειος Πάγος (Areópago).
El Consejo (Βουλή): estaba formada, a partir de Clístenes, por 500 miembros, βουλευταί. Estos 500 ciudadanos, todos mayores de 30 años, eran elegidos por sorteo, anualmente, a razón de 50 por cada una de las 10 tribus. Sólo se podía ser consejero, βουλευτής, un máximo de dos veces en la vida. Los consejeros de cada tribu se alojaban en un edificio circular sitiado en el ágora durante una décima parte del año: Pritanía, de ahí el nombre de prítanos (πρυτάνεις). Éstos se encargaban de preparar el orden del día de las sesiones diarias del pleno de la Bulé en el βουλευτήριον, y de las cuatro asambleas ordinarioas de cada pritanía. La Bulé ejercía un poder de control sobre los asuntos que llegaban a la Asamblea y se encargaba de coordinar y supervisar toda actividad política, religiosa, económica y jurídica.
La Asamblea ( κκλησία): Era la reunión de todos los ciudadanos mayores de 20 años en posesión de plenos derechos. Se reunía, por término medio, cada nueve días, aunque también había reuniones extraordinarias. Para que hubiera quórum se precisaba una asistencia mínima de 6.000 ciudadanos. Como máximo órgano de decisión y discusión, los acuerdos de la Asamblea se tomaban mediante voto a mano alzada. Para la ejecución de los decretos acordados (ψηφίσματα) contaba con el auxilio de la Bulé. La Asamblea Popular sólo podía debatir los asuntos que la Bulé le preparaba de antemano, pero a su vez podía ordenar a los buleutas que le presentaran un determinado asunto para la reunión siguiente.
El Areópago (Ἄρειος Πάγος): Era en parte consejo político y en parte tribunal judicial. Formaban parte del mismo, con carácter vitalicio, todos los ex-arcontes. Su enorme importancia político-judicial fue decayendo. A partir de Efialtes, la mayor parte de sus prerrogativas pasaron a la Bulé y a los tribunales ordinarios.
Respecto a las magistraturas, éstas solían cubrirse por sorteo entre los ciudadanos presentados por los demos. Los cargos duraban un año, y no eran renovables (excepto los militares, renovables indefinidamente). La elección se realizaba en primavera. Los ciudadanos tomaban posesión de sus cargos en julio.
Para poder entrar en funciones, los candidatos electos debían superar favorablemente un examen (δοκιμασία) ante un tribunal sobre cuestiones que aseguraban su impecable ciudadanía. Los magistrados podían ser cesados y, en el término de 30 días después de haber cesado de su mandato, los magistrados estaban obligados a someterse a un proceso de rendición de cuentas.
Entre todas las magistraturas atenienses destacan por su importancia los arcontes (ἄρχοντες) y los estrategos o generales (στρατηγοί).
Los Arcontes: los nueve arcontes presidían las elecciones y sorteos de todo tipo, si bien hay que distinguir entre las funciones de cada uno de los tres arcontes principales (epónimo, rey y polemarco) y aquellas que correspondían al colegio de los seis tesmótetas:
- El arconte epónimo (ἐπώνυμος): daba su nombre al año y era el máximo responsable de los tribunales judiciales y tenía a su cargo la organización de las fiestas Dionisíacas.
- El arconte rey (βασιλεύς): tenía funciones religiosas, como la dirección de los misterios de Eleusis y podía actuar de asesor en procesos judiciales de impiedad y asesinato.
- El arconte polemarco (πολέμαρχος): organizaba las pompas fúnebres de los caídos en la guerra y se ocupaba de los juicios en que se veían implicados metecos y extranjeros.
- Los seis tesmótetas (θεσμοθέται): velaban por el cumplimiento de las leyes y se encargaban de su fijación por escrito. Señalaban los días de actuación de los tribunales y clasificaban la competencia sobre las distintas causas judiciales, reservándose las concernientes a la seguridad del estado y al poder legislativo. Finalmente, presidían el sorteo para la elección de nuevos arcontes, la δοκιμασία de los magistrados electos y la rendición de cuentas de los estrategos.
Los estrategos: eran diez, elegidos en la Asamblea, a mano alzada entre todos los ciudadanos. Actuaban en las reuniones celebradas en el στρατηγεῖον. Sus funciones les proporcionaban determinados privilegios y se convertían en permanentes gestores oficiosos de la diplomacia. Desde el punto de vista jurídico, intervenían en las causas propiamente militares y en aquellas que incidían en la fuerza militar de la ciudad.
Encontramos, también, otras instituciones políticas y judiciales:
Árbitros públicos y privados: cualquier tipo de conflicto podía ser resuelto por un árbitro público (elegido por un magistrado) o privado (elegido por las partes en conflicto): διαιτητής. Los árbitros eran ciudadanos mayores de 60 años, residentes en Atenas y que no hubieran sido elegidos para otro cargo. El árbitro intentaba la reconciliación entre las partes y, si lo conseguía, dictaba sentencia, y, en caso de no haber solución, pasaba a los tribunales ordinarios.
Jueces (δικασταί): eran 6.000 ciudadanos de plenos derechos, mayores de 30 años, elegidos por sorteo. Estos 6.000 se repartían en 10 secciones (δικαστηρία) integradas por 600 jueces procedentes a partes iguales de cada una de las 10 tribus. Los jueces recibían un salario por cada día de actuación.
Las Liturgías: además de una serie de impuestos indirectos para ciudadanos y metecos (φόρος), los ciudadanos ricos tenían la obligación moral de emplear parte de sus riquezas en beneficio del bien público. Esta obligación esteba perfectamente regulada por las liturgías (λῃτουργίαι), “servicios a la comunidad”, mediante los cuales la polis les imponía correr con determinadas cargas. Entre otras, éstas eran la χορηγία (obligación de correr con todos los gastos de un coro para las representaciones teatrales) y la τριηραρχία (obligación de equipar una nave).
El servicio militar era una obligación para todos los ciudadanos y metecos. A los 18 años, los jóvenes atenienses eran reclutados como “efebos” y recibían educación militar durante dos años. Tras el período de efebía, el ciudadano ateniense ya podía participar plenamente en la Asamblea, donde se decidía en cada caso la amplitud de los reclutamientos para las campañas del ejército. Como cada soldado debía pagar su armamento, la participación en calidad de hoplitas o jinetes mostraba la situación económica de tales ciudadanos. Las tropas ligeras eran elevadas con menor frecuencia. En la marina se daban los mayores contrastes. Corría a cargo de los ciudadanos más ricos el equipamiento de las trirremes (naves de 174 remeros distribuidos en tres filas a cada lado), mientras que los ciudadanos más pobres tuvieron siempre en la flota un medio muy importante de ganarse la vida como tripulantes.